Tema de escritura para octubre: orden

El asombro por el orden y la armonía del universo se ha expresado de múltiples maneras. Si “lo más incomprensible del universo es que sea comprensible”, según dice la cita atribuida a Einstein, el escritor G. K. Chesterton en su novela El hombre que fue Jueves dice que “cada vez que un tren llega a su destino, pienso que el ser humano le ha ganado una batalla al caos”.

El orden conquistado por la ciencia nos ha permitido comprender fenómenos naturales y hacer predicciones en base a sus leyes. Pero también hemos aprendido que es un orden cambiante, que en ocasiones inquieta nuestro pensamiento y nos aleja de lo intuitivo.

Amigos polivulgadores, durante los próximos 30 días os invitamos a escribir sobre todo lo que os sugiera el concepto de orden en relación con la ciencia. Podéis consultar aquí las bases y los tipos de texto admitidos. Os recordamos que el día 15 de noviembre deberéis escribir un tuit que incluya el enlace a vuestro relato, el hashtag #PVorden y la mención a @hypatiacafe, para que vuestro texto aparezca en el listado que publicaremos en Café Hypatia.

¡Esperamos vuestros escritos!

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¿Quieres escribir con nosotros?

CÓMO VAMOS A FUNCIONAR

Bienvenidos a Café Hypatia, el rincón donde reunirnos a escribir relatos de ciencia. Este blog surge con el deseo de convertir la ciencia en temática central y fuente de inspiración para la escritura, experimentando con diversos puntos de vista y modos de contarla.

La manera en que nos organizaremos es la siguiente. Cada mes propondremos un tema que tendrá relación con una idea, concepto o personaje de la ciencia sobre el/la que se desarrollarán los textos que escribiremos. El tema propuesto podrá llevarse al papel con un enfoque bastante amplio pues, por ejemplo, si el tema fuese “evolución” no invitará a escribir solamente sobre evolución biológica o sobre sus protagonistas (Darwin, Wallace…), sino sobre todo lo que el término “evolución” evoque o sugiera en cualquier otra disciplina que no sea la Biología.

El día 15 de cada mes será el día de publicación en Café Hypatia. Este día escribiréis un tuit haciendo mención a @hypatiacafe en el que compartiréis el enlace a vuestro relato, junto al tema del mes como hashtag precedido de las iniciales PV (por ejemplo, #PVevolución). Si no queréis publicarlo en vuestro blog o no disponéis de uno, podéis subir el texto a cualquier sistema de almacenamiento en la nube (Google Drive, OneDrive, Dropbox…) y compartir el vínculo en el tuit.

FORMAS LITERARIAS QUE EMPLEAREMOS

  • Haiku científico o sciku. El haiku es un poema de tres versos sin rima, y que puede ajustarse a la métrica 5/7/5 (tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, respectivamente) o a la 8/11/8. Nosotros escribiremos haikus con temática científica conocidos como scikus. El título del sciku es opcional, y se añade si ayuda a clarificar la idea del poema.

EVOLUCIÓN
Sin un diseño,
bacteria o primate
mutan sin pausa.

El círculo se deforma.
Es Kepler anunciando su herejía
de imperfección en los cielos.

  • Microrrelato o relato breve. En este caso serán textos en prosa cuya extensión podrá abarcar desde una o dos líneas, como en el siguiente ejemplo, hasta un máximo de, aproximadamente, 500 palabras.

El dinosaurio
Estos sesenta millones de años se me han pasado en un suspiro.

  • Retrato alfabético. Si deseáis escribir sobre un personaje científico, además de las dos anteriores también podréis escoger esta opción. Se trata de un listado de palabras, ordenadas alfabéticamente y acompañadas de una breve explicación, que dibujen un retrato literario del personaje elegido.

Nicholas Saunderson, matemático

Aritmética palpable, sistema de cálculo ideado por este matemático invidente, a modo de ábaco.
Boxworth, parroquia en cuya capilla mayor está enterrado.
Cambridge, donde comenzó su actividad docente en el Christ’s College.
Diderot, enciclopedista francés que nombra a Saunderson en su Carta sobre los ciegos.
Escorbuto, enfermedad provocada por carencia de vitamina C que le ocasionó la muerte.
Fluxiones, tema sobre el que publicó un manual explicando las bases del cálculo dsarrollado por Newton.
Geometría, en el ábaco que inventó dibujaba figuras geométricas reconocibles por el tacto.
[…]

Cuanto más representativas sean las palabras del listado y más letras se empleen, más completo resultará el retrato.

Permaneced atentos en Twitter a @hypatiacafe para la propuesta de los temas de escritura el día 15 de cada mes.

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El zumbador

i0404[1]Lo ha sabido siempre, abril es el mes más caluroso. Pero ya no recordaba cómo afecta al ímpetu los cuarenta grados a la sombra. El cuerpo se vuelve tremendamente pesado imponiendo movimientos lentos. Una buena estrategia evolutiva de ahorro energético, pero muy molesta. Solo apetece tumbarse y esperar a que llegue la noche, cuando el sol ya se ha retirado. Y entonces sales a la calle a sentarte y escuchar historias en cualquier grupo de gente del mercado nocturno. Malik es médico, no puede hacer eso, se le necesita y lo solicitan más de lo que sería deseado.

Desde que terminó su carrera en París y volvió a su tierra, no ha dejado de atender urgencias de todo tipo, partos, infecciones, diarreas, resfriados, gripes, hasta mediador entre familiares enfrentados. Un médico, en África occidental, es más un chico para todo que un especialista. Pero a él no le importa, le gusta su profesión y disfruta del contacto con la gente, no en vano es africano. En Mali, como en toda África subsahariana, nunca se está solo, siempre se está rodeado de gente, integrado en el grupo, inmerso en la gran familia africana.

Por las noches no duerme, no es el calor, lo que le preocupa es la falta de recursos. Cada día cuando necesita abrir su maletín se desmorona al constatar su vacuidad. Ha visto mucho dolor, dolor que se podría atenuar con un simple paracetamol. ¿Os imagináis tener que orinar un cálculo renal sin ningún tipo de analgésico?

Pero lo más abrumador es la angustia que siente al ver morir de malaria a un infante por falta de un diagnóstico precoz. No tiene forma de hacer un análisis de sangre fiable en lugares remotos donde las personas viven sin ningún tipo de infraestructuras como carreteras o electricidad. Enfermedad, que no solo mata y destroza las vidas de los familiares, sino la oportunidad de progresar a regiones enteras. El paludismo está asociado con la pobreza y es también una causa de pobreza y un obstáculo importante para el desarrollo económico de los países que la sufren.

Los síntomas de la malaria se asemejan a las de la gripe, fiebre alta, dolores musculares, óseos y debilidad. Se pueden confundir fácilmente, también, con un fuerte resfriado, una gastroenteritis, una tifoidea o a otras fiebres virales. Así la fiebre y otros síntomas similares a la malaria necesitan una cuidadosa evaluación para diagnosticar correctamente y prescribir el tratamiento apropiado para cada dolencia. Para ello ha de extraerse una muestra de sangre del paciente, que habrá que centrifugar para separar el plasma y luego examinar bajo un microscopio y poder detectar el parásito. Ni siquiera en el hospital de Bamako, donde trabaja, dispone de material en condiciones.

blogNo puede dejar de pensar en una idea, tal vez absurda, pero que vale la pena probar. Hace un par de días, mientras esperaba sentado bajo un baobab, a que le repararan el coche en un tenderete de carretera, se entretuvo observando a unos críos jugando. Uno de ellos se había dormido sobre una estera de paja a la sombra de una pared de adobe. Los otros dos excitados por la idea de la travesura conspiraban con algo que llevaban en la mano. Esforzándose distinguió que cada uno de ellos llevaba un botón atado con unas cuerdas, que su mente asoció rápidamente con un zumbador, habitante de las escenas de su niñez. Los niños se acercaron sigilosamente al que descansaba y mientras uno le zumbaba al oído, el otro dejó que el botón y las cuerdas se liaran con el cabello de su compañero para salir corriendo entre carcajadas. El pobre infeliz se levantó asustado convencido que un enorme abejorro se había embrollado en su cabeza.

— ¡Cáspita! ¿A cuántas revoluciones debe girar el botón? —se preguntó.

Cuando regresó a casa esa tarde estaba decidido a experimentar y comprobarlo. Sacó del desván la caja de los trastos inservibles, se sentó en el suelo y comenzó a buscar materiales para fabricarse su propio zumbador. Intrigado, se asomó por la puerta Bahru, su hijo de 6 años.

— ¿Qué haces, papi?

— Quiero construir un juguete de cuando yo era niño. ¿Me ayudas?

— Vale —respondió Bahru dispuesto para la acción.

La caja de cachivaches pronto les recompensó con lo necesario. Una pequeña tapadera de plástico, a modo de disco, y un cordel que parecía lo bastante largo. Con la ayuda de un maltrecho punzón, Malik perforó dos agujeros en el centro del disco y se lo dio a Bahru para que enhebrara en ellos el cordel. Solo restaba anudar los extremos de la cuerda no sin antes añadir un par de argollas, rescatadas de unos viejos llaveros. El médico apretó bien los nudos y, tras un rápido vistazo al artilugio, se lo entregó a su hijo.

El pequeño, como si lo hubiera hecho toda su vida, introdujo sus pulgares en las argollas y comenzó a tensar y aflojar alternativamente el cordel, con tirones breves y rápidos. A medida que el disco adquiría velocidad, los tirones eran más largos y espaciados. El zumbador no tardó en hacer honor a su nombre, comenzando a emitir un ronco silbido intermitente que iluminó la sonrisa de Bahru.

image_4566Al día siguiente, Malik se llevó el zumbador al hospital. Su hijo se lo permitió bajo la promesa de que construirían uno para él, que decoraría con los colores del arcoíris. Se dirigió a la diminuta habitación que servía de laboratorio y rellenó dos finos capilares de cristal con una de las primeras muestras de sangre que extrajo durante la mañana. Pegó los capilares al disco del zumbador con esparadrapo, en posiciones diametralmente opuestas para que el giro fuera equilibrado. Respiró hondo y tensó las cuerdas. El disco aceleró hasta emitir ese familiar ronroneo.

Decidió que lo mantendría en funcionamiento durante al menos dos minutos, y mientras tensaba y destensaba rítmicamente se concentró en el modo en que el cordel se enrollaba. Mientras aflojaba la tensión, adoptaba forma helicoidal que rápidamente se empaquetaba y amontonaba de manera irregular. Un comportamiento caprichosamente similar al de una hebra de ADN enrollándose y empaquetándose en un cromosoma, pensó.

FiguraPasados los dos minutos detuvo el disco y despegó el esparadrapo. Los capilares, que al principio tenían un rojo uniforme en toda su longitud, mostraban ahora este tono solo en la mitad inferior. El extremo superior lo ocupaba un líquido translúcido. Había funcionado. El plasma se había separado de las células sanguíneas.

La alegría no le cabía en el pecho y lo forzaba a mantener una sonrisa juguetona en la comisura de los labios. !Podría hacer diagnósticos certeros en pleno desierto si era necesario! Llevaría siempre en su maletín un zumbador-centrifugadora, y el microscopio de papel que se fabricó él mismo gracias al ingenio de unos colegas de la universidad de Stanford, conscientes de la falta de recursos de la zona.

No veía la hora de comunicar el descubrimiento a sus compañeros. Entonces se acordó de su hijo, imaginando la cara de sorpresa de Bahru cuando viera su disco con todos los colores del arcoíris, a toda velocidad, volverse blanco. Salió del precario dispensario corriendo y de un brinco se subió a su bicicleta directo a casa.

Encontró a Bahru jugando con unas cuerdas y unas anillas, Malik le sonrió orgulloso. Mientras le pasaba la mano por la cabeza con ternura.

-Vamos, hijo, pintemos este disco de cartón que me he traído del trabajo con todos los lápices de colores que te regaló el tío. Luego haremos un zumbador con él y verás lo que ocurre.

-¡Mola! -le contestó el niño mientras daba saltitos de alegría con los puños cerrados para darse impulso y poder ser alto como su padre.

Así lo hicieron y cuando estuvo terminado, Malik se sentó a la sombra, en el taburete senufo de su abuela materna, contemplando a su hijo. Se dejó llevar por el sonido del zumbador y el regocijo de ver reflejado el escepticismo del niño al contemplar un hecho que no podía comprender. El empeño y la curiosidad del pequeño por saber por qué desaparecían los colores, le hizo prometerse que siempre estaría a su lado. Le enseñaría a hacerse las preguntas adecuadas, como buscar respuestas lo más certeras posible y aceptar la profunda ignorancia del ser humano sin sucumbir al desánimo.

Había sido un gran día, se dijo. Suspiró de pura felicidad, había esperanza para los suyos y para África.

Por si queréis saber más:

http://www.investigacionyciencia.es/noticias/la-peonza-reinventada-en-una-centrifugadora-de-bajo-coste-14904

http://es.engadget.com/2014/03/12/foldscope-microscopio-origami/

http://www.cbc.ca/news/technology/foldscope-paper-microscope-can-diagnose-malaria-costs-50-cents-1.2571660

En este texto he tenido la inestimable colaboración de José Antonio Bustelo

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El aliado

El castellano estaba amarrado con grilletes y cadenas. Tras su último intento de fuga para poner a salvo a su hermano, las medidas contra él se habían endurecido notablemente. Parte del castigo aún debía aplicarse en los siguientes días, y es que no había más remedio que repartir 2000 latigazos en varias jornadas.

Quiso el destino que un italiano renegado, recién ascendido a almirante de la flota turca, se fijara en el castellano. El almirante conocía días de gloria pero sabía lo que era la desesperación tras una adolescencia condenado a galeras. Decidió compartir parte de su fortuna con aquel preso destinado a recibir miles de azotes, así que ordenó liberarlo y se lo llevó con él a Constantinopla. Allí le contaría el ambicioso proyecto de construcción en el que se embarcaría proximamente de la mano del arquitecto más célebre del momento: Mimar Sinan.


Una vez más, @moigaren ha averiguado con la primera pista el personaje oculto de #Adivinencia4: Miguel de Cervantes. En efecto, Cervantes conoció a Kiliç Ali Pasha, quien ordenó construir en Estambul la mezquita que lleva su nombre entre 1578 y 1580. Aunque no hay pruebas concluyentes de ello, el investigador turco Rasih Nuri İleri parece haber encontrado el nombre de Miguel de Cervantes en el listado de trabajadores esclavos de la mezquita.

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Tras las huellas del cartero

El cochero del Sr. Franklin estaba acostumbrado a las extravagancias de su señor, pero esta (decía para sus adentros elevando los ojos al cielo) se lleva la palma. Invariablemente a última hora de la tarde, pedía que su carruaje estuviera listo. La primera vez que lo pidió a esa hora, Jenkins le esperaba al pie del coche con la puerta abierta. Franklin se acercó y le dijo:

—Gracias, Jenkins, pero en esta ocasión iré en el estribo.

Seguro de haber entendido mal, el cochero añadió:

—¿Perdón, señor?

—Sí, sí, que iré en el estribo.

El cochero cerró la puerta intentando disimular sus ojos de asombro. Mientras subía al pescante para coger las riendas, vio que el Sr. Franklin traía de la cochera un extraño aparato a modo de carretilla, con ruedas dentadas horizontales y verticales, y se encaramaba al estribo del carro.

—¿A dónde, señor?

—Por la ruta del cartero. A galope medio

El cochero no preguntó más. Hizo estallar el látigo jaleando a los caballos mientras el Sr. Franklin arrastraba su engendro de madera haciendo girar su gran rueda sobre el empedrado, como un niño entusiasmado que se hubiera encontrado un reluciente aro para jugar.


Solo ha sido necesaria una pista para que @moigaren averiguara el objeto oculto tras #Adivinencia3, un odómetro construido por Benjamin Franklin para optimizar los recorridos realizados en el reparto del correo.

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El observador

(pista 1)

Estaba tumbado en el suelo junto a un seto de arrayanes. El individuo, de edad avanzada y con las ropas algo raídas, parecía dormido o desmayado. El guarda del parque se percató de la presencia de aquel hombre yaciente, y suponiendo que se trataba de un borracho o un mendigo se dirigió hacia él con paso decidido.

—¡Levántese, queda usted detenido! —le espetó mientras le golpeaba levemente los pies con sus lustrosas botas.

El sujeto reaccionó con parsimonia, incorporándose poco a poco mientras daba la espalda al guarda. Una vez en pie dio media vuelta para encarar a aquel representante de la autoridad, que agitaba ante él una intimidante porra. Al instante, la expresión del guarda cambió de la indignación a la perplejidad en cuanto distinguió esa cinta roja en el ojal de la chaqueta del anciano. Guardó la porra nerviosamente mientras su rostro viraba al blanco y se fue alejando confundido entre disculpas y reverencias.

Aquel hombre se encogió de hombros, giró sobre sus talones y se tumbó de nuevo en el suelo junto al seto de arrayanes.


(pista 2)

Hacía ya mucho tiempo que lo que descubrió como afición, y por casualidad, lo atrapó irremediablemente durante toda su vida. Tanto tiempo desde que, con 19 años y su flamante título de maestro bajo el brazo, recibía su primer destino en una escuela rural de Carpentras.

El día de clase favorito de sus alumnos era cuando tocaba salir al campo con el instrumental para prácticas de topografía. Con ocasión de una de esas clases, mientras repartía las reglas de nivel entre los alumnos y nivelaba el primitivo teodolito, advirtió que algunos chavales estaban escondidos tras unas rocas. Molesto, abandonó el instrumental en el suelo y fue hacia ellos para administrarles un severo rapapolvo.

—Pero, ¿qué demonios hacéis aquí agazapados? ¿Os queréis librar de la práctica?

—¡No, profesor, no se enfade! Es que hemos encontrado un poco de miel y la estábamos probando. ¿Quiere un poco?

El profesor, con semblante de gran perplejidad, alargó la mano para alcanzar la pajita que uno de los niños le daba. Tras la roca, un pegote de barro con una serie de agujeros practicados por los golosos alumnos era la clave de aquel misterio. Imitando a sus pupilos, introdujo la pajita por un orificio y sorbió, saboreando un dulce y suave néctar.

—Hay abejas que hacen los panales con barro, profesor— le espetó uno de los chavales, sacándolo de un estado de revelación.

Aquel día marcó en su vida un antes y un después, un decisivo golpe de timón que protagonizó la abeja albañil.

(pista final)

Dos de las observaciones más famosas de nuestro personaje tienen como protagonista a la procesionaria del pino. En una ocasión, logró formar sobre el borde de una maceta un círculo cerrado de orugas procesionarias, de modo que no existía ninguna líder que dirigiera el movimiento de las demás. Las procesionarias estuvieron desplazándose en este bucle interminable, en el que cada una seguía ciegamente a la oruga que tenía delante, durante siete días sin interrupción, y hubieran continuado hasta morir de inanición, incapaces de salir de un perpetuo periplo que parece posible solo en las obras de Maurits Escher.

La segunda mención a la procesionaria forma parte de un pasaje de las más exquisitas obras de divulgación del mundo natural, capítulo en donde habla del escarabajo Carabus auratus:

Mientras escribo las primeras líneas de este capítulo estoy pensando en los mataderos de Chicago, horribles fábricas de carne donde se despedazan al año 1.400.000 vacas y 1.750.000 cerdos, que entran vivos en la máquina y salen por el otro lado convertidos en cajas de conservas, mantecas, salchichas y jamones; y pienso en ello, porque el Carabus nos va a mostrar, en cuanto a matanza, celeridad semejante.

En una jaula provista de cristales y muy amplia tengo 25 Carabus auratus. Ahora están inmóviles, agazapados bajo una tablita que les he dado para abrigo. La buena suerte me ofrece de pronto una procesión de la oruga del pino, que ha bajado del árbol buscando lugar favorable para enterrarse, preludio del capullo subterráneo. Excelente rebaño para el matadero de los Carabus.

Las meto en la caja y al instante se forma de nuevo la procesión. Entonces suelto a mis fieras; es decir, retiro la tablita. Los durmientes despiertan y se dan cuenta de la rica caza que desfila ante ellos. Toda la cuadrilla de degolladores se precipita sobre el rebaño. Mordiscos aquí y allá, las pieles hirsutas se desgarran, el contenido de entrañas verdosas se derrama. Las indemnes cavan desesperadamente para ocultarse bajo tierra. Apenas se han hundido medio cuerpo, Carabus las saca y les abre el vientre.

Si esta matanza no se ejecutase entre gente muda, tendríamos aquí los espantosos mugidos de las degollaciones de Chicago. El oído de la imaginación es el único que puede oír los aulladores lamentos de las destripadas. Ese oído lo tengo yo, y el remordimiento se apodera de mí por
haber provocado tales miserias.

En pocos minutos la procesión ha quedado convertida en salchichería de jirones palpitantes. Las orugas eran 150; los matadores son 25. Si el insecto no tuviera más quehaceres que matar indefinidamente, como los obreros de las fábricas de carne, y la cuadrilla fuese de 100 destripadores, número muy modesto con relación al de los manipuladores de jamones enrollados, el total de víctimas en una jornada de diez horas sería de 36.000. Ningún taller de Chicago ha obtenido jamás semejante rendimiento.

En sus Souvenirs Entomologiques, nos acercó de modo fascinante el mundo de los insectos. A pesar de no mostrarse favorable a la teoría de la evolución, Charles Darwin lo apodó “El observador incomparable”.


Tras la pista final, @CristinaSopena1 y @hiperionida han dado con el personaje de #Adivinencia2, el entomólogo y divulgador francés Jean Henri Fabre (1823 – 1915).

 

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Una revolución en Patología

El hecho de que las autoridades gubernamentales entornen los ojos frente a un problema, dando la espalda y dejando desamparada a la población no es un hecho infrecuente. Tampoco es algo nuevo. Las fuertes epidemias de tifus que castigaban la región de la Alta Silesia a mitad del siglo XIX  parecían no ser un problema para el gobierno regional, no así, para los médicos y voluntarios que se encontraban en la zona intentando curar, y en algunos casos paliar, a los muchos enfermos que se acumulaban en los focos de la enfermedad.

A veces, cuando el hambre y el frío que trae consigo el invierno en el centro de Europa acechaban a los más afectados, las autoridades concedían ayudas de pequeñas cuantías de dinero. Esas ínfimas sumas de dinero se concedían directamente a los afectados, no sin antes superar un óbice burocrático para firmar detallados recibos a cuenta de la retribución percibida por cada enfermo. En no pocas ocasiones, el dinero no llegaba y el Gobierno trataba de acallar la crítica de la prensa repartiendo harina en los hospitales de campaña.

En uno de esos hospitales de campaña se encontraba un joven médico de 27 años procedente de Berlin. Su padre, un humilde comerciante, le inculcó desde la infancia el interés por otras disciplinas, especialmente por las lenguas clásicas y las doctrinas humanistas. Fruto de ese humanismo que lo caracterizaba no podía evitar un constante sentimiento de desazón. El trabajo al lado de los enfermos solía ser una mezcla de un impulso motivador por resolver el problema y mejorar la calidad de vida. Por otra parte, sentía indignación por la poca atención que se prestaba a aquel problema desde las altas esferas sociales.

75e

Destacaba en el ejercicio de la Medicina mediante el uso del intelecto. Cuestionó algunos tratamientos que, a su juicio, no los veía necesarios o eran demasiado agresivos o cruentos, como era el caso del tratamiento de calomel abortivo, que producía intensas diarreas o el tratamiento duradero con dosis de ácido clorhídrico y otros ácidos minerales que parecían aumentar la erupción exantemática típica del tifus. El tratamiento con esos ácidos minerales podía desencadenar escorbuto. Asimismo, resultado de una observación siempre pertinaz, llegó a la conclusión de que cualquier mejora en la higiene de los enfermos o moderación en su comida estaba asociada a una mejoría notable.

Sus opiniones, siempre liberales y enérgicas, acabaron chocando con la política absolutista y marcial de Bismarck, con quien tuvo prolongados enfrentamientos. Incluso, Bismarck llegó, a retarlo a un duelo, el cual afortunadamente no se realizó. Sin embargo, su intensa actividad política y social y las confrontaciones que de ahí surgieron, hicieron que este joven médico de origen polaco cambiara de aires y marchara a Würzburg para aceptar la dirección de la que sería la primera cátedra de Patología en Alemania. Se dedicaría a la enseñanza y la investigación, donde también haría importantes aportes a la sociedad.

Siempre dotado de gran elocuencia y seguridad, su carrera académica fue prolífica. Su fama revirtió en pocos años en una multiplicación de los alumnos matriculados en estudios médicos así como nuevas cátedras tanto en Alemania como en Austria, convirtiéndose él mismo en un zar de la Medicina.

Osó poner en entredicho la teoría de Louis Pasteur, quien propugnaba que las enfermedades estaban producidas por gérmenes. Incluso, rechazó a Robert Koch cuando este fue a visitarlo para mostrarle sus sospechas de que la tuberculosis, enfermedad que mataba por aquel entonces a una de cada 7 personas, se contagiaba mediante un patógeno. Koch, desanimado, se propuso encontrar aquel microbio y, tras muchas pruebas, lo consiguió. Una noche de marzo de 1882, Koch realizó una de las disertaciones científicas más innovadoras y metodológicamente correctas de la Historia de la Medicina. El zar de la Medicina, allí presente, sólo pudo levantarse y salir de la sala, aceptando el triunfo de Koch, quien posteriormente recibiría el Premio Nobel de Medicina, en 1905, “por sus investigaciones y descubrimientos sobre la tuberculosis”. En su honor, Mycobacterium tuberculosis, la bacteria de la tuberculosis, también se conoce como “bacilo de Koch”.

koch

Muy celebrada es su aportación a la Teoría Celular de Matthias Schleiden y Theodor Schwann durante su estancia en Wurzburg. Afirmaba que las células no procedían de material amorfo sino que todas las células procedían de otras células (citogénesis). Perdura en el tiempo su famosa frase “Omni cellula ex cellula” (“toda célula procede de otra célula”).

Su temperamento impetuoso y muchas veces polémico fueron el motor que le llevó a convertirse no sólo en uno de los médicos más influyentes y respetados de la época, sino en un auténtico Copérnico de la Medicina. En su gran tratado “Die cellularpathologie” (“Patología celular”) expone los argumentos en favor de la teoría celular como sustrato de la enfermedad. Este compendio de 20 artículos publicados en 1858 supone el final de la teoría humoral que desde Hipócrates seguía siendo el pilar en que sustentaba la Patología. El humorismo o teoría humoral postulaba el organismo humano compuesto por cuatros sustancias (“humores”) —bilis negra, bilis, flema y sangre— equilibrados en condiciones de salud y relacionados cada uno con uno de los cuatro elementos de la Naturaleza. Las distintas enfermedades se explicaban a partir de excesos o defectos en cada uno de estos humores.

La nueva teoría desechaba está antigua creencia nacida en Grecia y Roma y considera que las enfermedades de los órganos no son sino consecuencia de enfermedades en las células que componen dicho órgano. Este nuevo modelo resulta ser una auténtica revolución copernicana, pues se sitúa a la célula no sólo como el constituyente más básico y elemental de la vida, lo cual constituye uno de los postulados principales de la Teoría Celular de Schleiden y Schwann, sino que la célula también es el constituyente más básico y elemental de la enfermedad. El conocimiento de la célula, de su normal fisiología y la observación de sus distintas alteraciones bajo el microscopio, resultó ser una nueva herramienta que permitiría el conocimiento y mejor diagnóstico de las distintas patologías, lo cual se considera el nacimiento de la Anatomía Patológica y la Patología Moderna.

Junto a Benno Reinhard, un antiguo compañero con el que trabajó en el Hospital de la Charité de Berlín, fundó la revista “Archivos de Anatomía Patológica y de Fisiología” que llegó a ser una de las más renombradas de la época, estandarizó la técnica de la autopsia para realizar exámenes anatómicos cada vez más detallados, ayudó a la comprensión de tromboembolismos que podían generar daños severos en los tejidos, incluso él mismo acuñó términos como “trombosis” o “émbolo”, que hoy día siguen usándose. Fundó las Sociedades Antropológicas de Berlín y Alemania. Fue editor de varios libros de etnología y dirigió expediciones, entre otras a Egipto y a Troya.

Su regresó a Berlin en 1956 también constituyó un regreso a la vida política. Pronto fue elegido para el Concejo de la ciudad, dando apoyo en asuntos de higiene pública, escolar y de alimentos. Fue fundador del Partido Progresista y elegido, en 1861, miembro del Parlamento prusiano, presidiendo la Comisión de Finanzas hasta el final de sus días.

Sin embargo, detrás de este hombre de carácter inquieto, decidido y revolucionario, siempre perduró una vocación moralista, humana y servicial. Se convirtió en el Padre de la Patología Moderna, pero nunca dejó de ayudar activamente en la organización de la Sanidad y el funcionamiento de los hospitales militares durante las guerras de los años 70 y 80. Allí donde empezó su andadura. Nunca permitió que las odas y los halagos ensombrecieran su verdadero tónico de voluntad.

“En cualquier casa donde entre, no llevaré otro objetivo que el bien de los enfermos.”

¿De quién hablamos?

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