Tema de escritura para julio: energía

Gottfried Leibniz estaba convencido de que el mundo que nos rodea es un enorme y complejo mecanismo exquisitamente diseñado. Por lo tanto, si alcanzásemos a entender cómo funcionan las máquinas, comprenderíamos los principios que hacen funcionar el universo. En su intento de profundizar sobre esta cuestión, Leibniz buscaba responder a una pregunta: ¿Qué sucede cuando chocan los objetos?

Si un cuerpo en movimiento colisiona con otro en reposo, el movimiento del primero se traslada al segundo; hay algo que se transfiere entre ambos cuerpos y Leibniz imaginó que se trataba de algún tipo de sustancia que se intercambiaba en las colisiones y a la que llamó Vis viva.

Aunque se trataba de una definición rudimentaria, Leibniz dedujo acertadamente que la vis viva del universo debía conservarse ya que simplemente cambiaba de aspecto y de lugar. Además, se percató de que en el caso de la pólvora, el fuego y el vapor la vis viva se liberaba de manera intensa y violenta. Si la vis viva pudiese ser aprovechada y controlada daría un poder inimaginable a la humanidad. 130 años después, el médico y físico Thomas Young le adjudicó por primera vez la denominación de energía, y 100 años más tarde, Albert Einstein expresaría su relación con la masa mediante una simple y elegante ecuación: E=mc2 .

Por ello, amigas y amigos polivulgadores, os invitamos a escribir, desde cualquier disciplina de la ciencia, sobre algún aspecto relacionado con la energía. Para ello debéis publicar el próximo 15 de julio un tuit con el enlace a vuestro texto, el hashtag #PVenergía y mención a @hypatiacafe. Os recordamos, sobre todo si participáis por primera vez, que podéis consultar los tipos de texto admitidos, así como las reglas para el conteo de sílabas en poesía si optáis por escribir scikus.

Durante el siglo XIX, el poder del vapor había supuesto tal prosperidad económica que en Gran Bretaña se le profesaba un respeto casi religioso. La estación de bombeo Crossness, inaugurada en 1865 en el sureste de Londres, conserva el aspecto de una ornamentada catedral victoriana a pesar de que estaba destinada a procesar aguas residuales. Sus cuatro enormes máquinas de vapor fueron bautizadas Victoria, Príncipe consorte, Albert Edward y Alexandra. En la actualidad, durante las jornadas de puertas abiertas, aún se pone en marcha la restaurada Príncipe consorte. El público, hipnotizado por el pausado vaivén de su balancín de 47 toneladas, no puede evitar el asombro ante una auténtica liturgia de la energía.

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